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Reuniones de padres y madres

Reuniones de padres y madres

La pandemia, la cuarentena y el traslado de la escuela a la casa nos atraviesa a todos y rompió los moldes de la escuela que conocíamos.  

Vamos a traer algunas imágenes y vivencias de lo que nos pasó a todos los educadores y en particular a nuestra escuela. Para esto tenemos que hablar de “La escena de lo escolar”. El aislamiento social no habilitó por sí mismo a la escuela en casa: nadie estaba preparado para un cambio tan abrupto, los adultos en casa no eligieron voluntariamente acompañar o situarse en rol de enseñar a sus hijos. Y nosotros como escuela tampoco elegimos esta modalidad. Es más: no tenía que ver con lo que pensamos que tiene que ser una escuela. Por eso valoramos y entendemos lo que les pasa a las familias. Todo lo que han puesto en juego para estar de un modo distinto en casa.

Estamos frente a lo obvio: una escuela es una cosa muy diferente a una casa y también a una familia. Una escuela es una estructura muy específica que está gestionada, conducida y ejecutada por profesionales especializados y en donde los estudiantes deben asistir obligatoriamente. Hay horarios, ciertas normas en donde se aprenden saberes que no son cualquier cosa sino saberes específicos, socialmente significativos y determinados por un currículum.

Las escuelas están reguladas y son públicas; son un ámbito común y comunitario y por fuera de la casa. La escuela también es el lugar donde se crece, se aprende y se vive con amigos. Con pares que están ahí, al lado. Que se estimulan unos a otros. Que se miran los cuadernos y se comparten las cartucheras. Que se ayudan cuando hay algo que no saben.

Hoy eso ya no ocurre. De por sí eso ya es un duelo muy profundo para todos. Pero en especial para los chicos.

Las escuelas que suponen una relación de proximidad, cotidianidad, emocionalidad, contención afectiva y palabra, cuerpo y presencia se vieron de repente en silencio: ante la situación radicalmente novedosa surgieron con intensidad sentimientos de diverso tipo y los recursos emocionales para procesarlos fueron claramente heterogéneos. Los sentimientos de vulnerabilidad aún nos atraviesan ya que ciertos cimientos otorgaban una sensación de seguridad. Por eso entendemos muy bien el gran esfuerzo que han hecho las familias por transitar esta realidad.

Las relaciones sociales entre los miembros que habitan una casa son de carácter primario, de tipo emocional y de largo plazo para lo que nadie se especializa profesionalmente y esto es un factor esencial para poder analizar el escenario. La posibilidad de los adultos en casa de acompañar es central y entendemos que al mismo tiempo tremendamente compleja: se suceden múltiples factores a la hora de realizar estas nuevas tareas y desplegar estos nuevos roles: no hay una preparación ad hoc, se cruzan factores emocionales, hacen que sea muy difícil hacer ese trabajo cuando no se es docente, están las propias tareas, y por supuesto, sus propios trabajos/ responsabilidades que también se convirtieron en materia de análisis, por la simultaneidad respecto de la “nueva escuela” de sus hijos e hijas, por la disponibilidad de dispositivos tecnológicos, por otras dinámicas propias de cada familia.

Y también nosotros como educadores, en otra simultaneidad, comenzamos a vivir esto en nuestros propios hogares: con nuestros hijos e hijas y cada una de las personas que viven en casa.

El teletrabajo del docente no es cualquier clase de trabajo: básicamente porque no replica lo que se hacía antes en la escuela; por el contrario es disruptivo respecto de lo que se hacía antes en la presencialidad. Por eso el gran desafío que enfrentamos desde el primer día es que ese modelo se reconvierta y pueda sostener y acompañar este tiempo inédito de pedagogía.

Los docentes yuxtaponen todos estos roles a los ya conocidos en tiempos de presencialidad. Y los adultos en casa también. Y aquí radica una de las tantas complejidades de este período y es en lo que continuamos trabajando y diseñando acciones para llevarlo adelante de un modo que nos permita a todos ser parte con tiempos adecuados, oportunos y de calidad.

Destaco la nueva revalorización del rol docente, que es un tarea muy compleja, que es difícil, y la sociedad toma nota del saber pedagógico de los educadores. Y a su vez los educadores tenemos un profundo agradecimiento a las familias y a todo lo que han puesto en funcionamiento puertas adentro de casa para que toda esta compleja estructura funcione.

Así como el tiempo escolar estructura la vida de la comunidad, se ha hecho necesario restituir otra temporalidad en los hogares de docentes y estudiantes. La rutina escolar que ha brindado siempre un cierto sentimiento de seguridad provoca la creación de nuevas costumbres. 

Nos damos cuenta de todo lo que hemos aprendido, crecido como familias, personas, profesionales y estudiantes en este tiempo. Cuando miramos para atrás, hace solo poco más de 3 meses, vemos la evolución impresionante que hicimos todos. Las familias, la escuela y los chicos.

 

Este proceso lo vamos viviendo y evaluando día a día. Y así como una de las primeras preocupaciones fue poder continuar el trayecto pedagógico, hoy vemos que se nos impone otra realidad más compleja y profunda. Y es el apuntalamiento social, recreativo y afectivo de los chicos y chicas. A través de más “semanas de reflexión”, más encuentros recreativos con amigos, recreos virtuales, experiencias lúdicas atravesadas por la enseñanza, campamentos virtuales, etc.

Más que nunca queda claro que somos una comunidad: Escuela y Familias. Seguimos creciendo juntos en este contexto histórico y desafiante.